Esta crítica tiene pequeños spoilers sobre la identidad del adversario del episodio de Año Nuevo

No ha sido una temporada fácil para ‘Doctor Who’. Al hecho de que un nuevo showrunner, Chris Chibnall, sustituyera al instaladísimo (por no decir que algo enquistado) Stephen Moffat, y a la decisión revolucionaria pero inevitable de darle el papel protagonista a una mujer, Jodie Whittaker, se suman una serie de cambios en el tono y los contenidos han hecho que la undécima tanda de capítulos haya tenido un desarrollo bastante accidentado. Paradójico, teniendo en cuenta que, también, es la temporada más apropiada para engancharse a la serie.

De hecho, desde la primerísima temporada de esta etapa de la serie que arrancó en 2005, con Christopher Eccleston como Doctor, no ha habido ninguna más adecuada para atraer nuevos espectadores. Hasta el debut de Matt Smith, que hacía borrón y cuenta nueva tras la memorable pero alambicada fase de David Tennant, tenía multitud de elementos y detalles que retrotraían a anteriores historias del Doctor. Esta vez, el reinicio va muy en serio: el Doctor tarda varios capítulos en recuperar su memoria por completo, y la TARDIS ni siquiera aparece en el primer episodio de Whittaker.

El resultado quizás sepa a insuficiente para los fans hardcore y de largo recorrido de ‘Doctor Who’, acostumbrados a los guiños múltiples o a las tramas cuya resolución se remonta incluso décadas en el pasado. En el mejor de los casos, la sensación es agridulce. Es estupendo el canto a la inclusión universal de esta temporada, y particularmente, la abundancia de aventuras en las que se nos dan lecciones de historia (el episodio ambientado en la India de la Partición me obligó a consultar algún dato en Internet) o se plantean moralejas abiertamente humanistas me parece no rupturista, sino todo lo contrario: el mejor homenaje posible al legado de ‘Doctor Who’.

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Pero por otra parte, es innegable que esta nueva temporada ha pasado casi todo su recorrido buscando una voz propia, a lo que no han ayudado los dubitativos caracteres de los companions, nada menos que tres y con las personalidades no muy definidas. Por suerte, las cuitas de Yasmin (Mandip Gill) y los problemas de los enfrentados Ryan (Tosin Cole) y Graham (Bradley Walsh) que acaban encontrando un nexo en común para tirar adelante juntos, parece que se solventan en los últimos capítulos. Podemos prever una temporada 12 que hunda las raíces en la rica mitología de la serie, con los personajes ya más asentados.

Feliz Dalek nuevo

El episodio de año nuevo es la prueba de que esta nueva ‘Doctor Who’ está cogiendo carrerilla para dejar esa accesibilidad extrema detrás y, si bien no llegará al límite de convertirse en la serie para iniciados que tenía en los momentos más duros de Tennant o Peter Capaldi, sí parece querer encontrar un equilibrio entre reverenciar el legado de la serie y no dejar de ser accesible. Para ello, recurre al enemigo más legendario del Doctor, convirtiendo este episodio especial en la prueba de que ‘Doctor Who’ sigue siendo ‘Doctor Who’.

En él, un Dalek explorador que lleva en la Tierra desde hace varios siglos, pero con su armadura destruida y repartida por varios puntos del planeta, “resucita” y decide retomar su incansable labor de conquista. Además, el padre de Ryan vuelve a casa para pedir disculpas por su desaparición a su hijo, cerrando así un importante arco argumental del companion más errático y cargante de esta temporada.

El resultado es uno de los episodios más memorables de esta primera etapa de Whittaker como Doctor. Equilibrado y emotivo, con un apropiado mensaje antimilitarista y una de esas metáforas luminosas que tan bien se le dan a la serie de la BBC, es capaz de guiñar el ojo al pasado de la serie con el plan final del Doctor para enfrentarse al Dalek, pero a la vez renovarlo, esta vez literalmente: el Dalek construye su armadura de cero -lo que es un apropiado simbolismo del estado de la serie tras esta undécima temporada-, pero además renueva características y aspecto, con una realista y bienvenida capa de óxido a cuestas.

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Pero sobre todo,y pese a los desequilibrios heredados de una temporada de pseudo-transición, lo que hace perfectamente este capítulo es apuntalar la personalidad del Doctor: más optimista y luminosa que de costumbre, pero no especialmente ingenua; pacifista y humanista hasta la radicalidad, más devota de nuestra especie que nosotros mismos. Pero si hay que freír un Dalek, se fríe. De nuevo, los fans de largo recorrido tienen mucho que celebrar con este nuevo episodio en la evolución de un personaje con décadas a sus espaldas: este ‘Resolution’ es digno del piloto de la TARDIS, que no es poco.